Bye bye Delhi

Ya desde Madrid y tras unos días de asimilación y descanso, procedo a relataros nuestros últimos días en ese loco y enorme país.

Delhi siguió tan horrorosa y polvorienta como la recordábamos; vómitos y diarreas evitaron que pudiéramos hacer un poco de turismo para ver algo bonito, de modo que nos limitamos a visitar Agra y su inevitable Taj Mahal y a hacer compras de última hora. El calor, la lluvia y el trajín consumieron nuestros últimos días a ambigua velocidad (es decir, muy rápido y muy despacio a la vez).

Tras un emotivo reencuentro con Maria, decidimos comprar los billetes para ir a Agra. Buscamos escusas para cancelarlo y a punto estuvimos, pero finalmente fue irremediable: ida y vuelta en el día. Teníamos 5 horas para ver tranquilamente el famoso mausoleo, sin embargo el tren de ida se retraso algo mas de hora y media y nuestra visita se convirtió en un maratón: regateo, ricksaw, patatas fritas, entrada, cola, control policial, cuatro fotos, regateo, ricksaw, comida junto a la estación, tren de vuelta… Sin embargo, 3 horas y pico fueron mas que suficientes para odiar fervorosamente esta ciudad y pelearnos con mas indios que en las ultimas dos semanas. Agobio y mucho acoso al turista. La entrada del dichoso Taj Mahal: 750 rupias para extranjeros, 20 (¡!) para indios (me parece bien que paguen menos, pero la diferencia es un poco insultante). En el control policial se quedaron con parte de mis patatas fritas (no se puede comer en el recinto), mi navaja multiusos con linterna y brújula incorporadas (lo entiendo, pero la voy a echar de menos, era maravillosa) y mi baraja española (tampoco se puede jugar en el recinto, como si no tuviera otra que hacer vamos… las llevaba para el tren…) Tuvimos poco menos de una hora para dar una vueltecilla y sacar fotos esquivando a los miles de indios que había por ahí, aunque el día estaba gris y algo feo, de modo que no han salido muy lucidas… El Taj Mahal precioso, pero siendo una maravilla del mundo y tras tantas horas de espera y enfado, decepciona. Rocío opina (y estoy con ella) que la Alhambra de Granada es mas bonita… no se, tendré que volver en plan turista rica con guía y autobús climatizado para ver si cambia mi perspectiva…

De Delhi, poco tengo que contaros, tratamos de darnos un lujo occidental yendo al cine a ver una peli americana pero no nos dejaron entrar con la cámara y acabamos en un Mc Donalds comiendo patatas… allí es una pijada de sitio donde solo van indios bien vestidos. Conocimos a un chico de islas Mauricio que parecía normal pero que acabó ofreciéndonos copas y masajes en su habitación de hotel porque “él había nacido para hacer a la gente feliz”… en fin, declinamos educadamente su oferta… Por lo demás, hicimos miles de compras (unas mas que otras) y pasamos los días esquivando los cascotes de nuestro barrio en renovación, odiando Delhi y echando de menos el frescor y el verdor del Himalaya.

Volvimos a Madrid de madrugada, deseando irnos de Delhi, pero queriéndonos quedar en la India. Yo, personalmente, quería volver, llevaba unos días enferma y aquello comenzaba a parecerme una pesadilla surrealista: tratad de visualizaros algo mareados, atontados por la fiebre, caminando por una calle en ruinas, llena de polvo, bajo un sol abrasador, esquivando vacas y motos, mirando al suelo para evitar caer en un socavón o pisar una enorme mierda, sacudiéndote las moscas de encima y respondiendo agotada a cada paso al vendedor de turno que no quieres nada… no se si os lo podréis imaginar, pero os aseguro que estaba agotada…

En el aeropuerto hice con Rocío una lista de las cosas que no íbamos a echar de menos, para volver sin pena y con ganas. Estas son algunas: la nata de la leche, la pelea constante, el miedo a que me roben, el miedo a morir por cascotes, el miedo a morir en cada medio de transporte, los bichos, el Goibi (repelente, te pica y arde todo el cuerpo cuando te lo echas, te rascas, te tocas luego un ojo, y acabásemos… me pasaba todos los días), los timos, el acoso, el picante (esto sólo yo, mi cuerpo acabó rechazando en bloque la comida india), estar sucia, oler mal, la contaminación, las camas duras, la ausencia de papel higiénico (se lavan el culo con agua, no usan papel), sudar, la ausencia de servilletas y los cortes de electricidad (muy frecuentes, se iba la luz y el ventilador dejaba de funcionar: la muerte)

Hicimos también una lista de lo que sí íbamos a echar de menos, sin embargo, dada la proximidad de los hechos, era bastante más corta que la anterior, aunque más trascendente: el shanti shanti (relax relax), la libertad de no tener destino ni planes, la plenitud, los paisajes, la religión, el carácter curioso y generoso de muchos indios, el picante, el baño turco, el chai y la iluminación (en sentido figurado).

La India me recibió con un puñetazo en la cara, me dejó atontada, desorientada y cabreada. Una vez que el dolor del impacto comenzó a remitir, y la hinchazón de los ojos cedió, descubrí un trepidante, abarrotado y desafiante nuevo mundo. No voy a negaros que iba como una tonta en busca de respuestas y soluciones, y tampoco voy a negaros que me enfadé cuando no me las dieron. Sin embargo, a medida que pasaban las semanas, a medida que sobrevivía pensando sólo en vivir, se me fueron acabando las preguntas y los problemas. Aún no sé si fue la India la que me despertó… o si fui yo quien me reencontré… pero, ¿acaso importa?

Gracias Rocío, gracias María, por haber hecho posible este viaje. Volveremos.

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Free Tibet / Long life to India

Dharmshla/Dharmashala/Dharamshala (aun no tengo claro como se escribe) esta a 10 horas de Manali. Esta vez decidimos gastarnos unas rupias mas e ir en un autobus deluxe, con asientos blanditos y reclinables, todo un lujo! Sin embargo, “por fortuna”, nos tocaron por vecinos una pareja de indios “encantadores” que habian entendido que “asiento reclinable” significaba “cama” y tuvimos que pelearnos con el hombre porque se negaba a subir un apice su respaldo a pesar de que a Rocio no le cabian las piernas… Todo se acabo arreglando a base de frustracion y algun grito (este pais saca la verdulera que hay en mi).

Encontramos de nuevo otro baratisismo alojamiento gracias a recomendaciones previas y nos dispusimos a explorar este pequenio Lhasa, residencia del Dalai Lama y hogar de 15.000 refugiados tibetanos. Los monjes inundan las calles con sus uniformes rojos y naranjas y los templos budistas marcan el centro de la actividad de Mc Leod Ganj, barrio-pueblo-ciudad a unos kilometros de Dharamshala. Hay banderas tibetanas por todas partes y es raro el establecimiento que no tiene colgado un “free Tibet”, un mapa del Tibet y una foto del Dalai Lama rodeada de flores.

Probamos la meditacion y la comida tibetana, visitamos una enorme cascada, un lago seco (al parecer hay sequia, cosa que nos resulta un tanto incomprensible dado lo que llueve) y varios templos. Nuevamente nos encontramos con gente conocida (parece que estamos todos siguiendo la ruta del bacalao) y desconocida (mucho turista).

Antes de volver a Delhi decidimos hacer una breve parada en Amristar, ciudad mas sagrada para los sijs donde se encuentra su templo dorado. De nuevo autobus local, esta vez “solo” 4 o 5 horas (pero no me voy a quejar que nos toco un semi-deluxe muy decente).

Los sijs destacan por el colorido panuelo que llevan a modo de turbante en la cabeza, bajo el cual ocultan la ristra de pelo que acumulan a lo largo de su vida (no se lo pueden cortar). Son monoteistas y estan influidos tanto por el hinduismo como por el islam, ya que su religion surgio en la India fruto de la convivencia de estas dos religiones. El templo dorado es alucinante, es un inmenso complejo donde se da alojamiento y comida gratuitos 24 horas a todo el que se acerque, hay incluso unos cuartos para turistas (donde tuvimos la fortuna de conseguir una cama para dos).

Por fin, aunque nos encontramos con antiguos conocidos, hicimos nuevos amigos, entre otros, nuestros companieros de habitacion: un ingles de origen indio emocionado ante el rencuentro con sus raices y una francesa de origen argelino enamorada de la India. Fuimos, con ellos y otros turistas, a Wagha Border, la frontera con Pakistan, donde se celebra todos los dias al atardecer una ceremonia de intercambio de bandera entre los dos paises. Llegamos ilusionados ante la espectativa de un evento interesante y pacifico, pero nos encontramos con un monton de indios gritando encarnizadamente “Long life to India” (en hindi claro) y ondeando su bandera. La guardia fronteriza, ridiculamente vestida tanto en Pakistan como en la India, hizo interminables y bruscos rituales en su breve camino hasta la puerta. Un animador con microfono se dedicaba a encender los animos de los asistentes, henchidos de orgullo nacionalista… Vamos, que se hizo largo y repetitivo, pero todo un show…

Visitamos tambien la copia hindu del templo dorado, honestamente un poco cutre, y otro templo hindu construido sobre una cueva donde van las indias a rezar para quedarse embarazadas. El templo mas curioso que he visto nunca, era como un mini parque de atracciones! Escaleras que suben, que bajan, pasadizos con agua, con espejos, mil dioses, un tunel de aire, una zona de cueva por donde habia que pasar a gatas… todo un descubrimiento!

Nos encontramos mas franceses que nunca (nuestra frenchi amiga decia que porque todo era gratis) y muchisimos sijs encantadores dispuestos a ayudarnos y explicarnos cualquier duda (son mayoria en el Punjab, estado donde esta Amristar). Hicimos una donacion dentro del templo y nos dieron un panuelo del naranja mas intenso que hayais visto nunca y un par de dulces de azucar, menos mal que me explico un guarda que eran regalos de Dios para compartir con mi familia, porque yo pensaba tirarles trocitos a los peces del lago (el templo dorado esta en medio de un gran estanque donde hay unos peces gordisimos) y ni me imagino el revuelo que hubiera podido causar…

Tras una comida en el templo (copiosa y riquisima) y una apacible tarde sentadas a orillas del estanque, disfrutando de las vistas y hablando de actrices americanas favoritas con un joven sij que opinaba que Rocio parecia una actriz de Hollywood (a mi se limito a decirme que parecia india), cogimos un tren nocturno de vuleta a Delhi, horrible ciudad llena de polvo y socavones (celebran aqui proximamente los JJOO de la Commonwealth y se han vuelto locos) donde nos ibamos a reencontrar con Maria.

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Local bus to Himalaya

Llegar de Rishikesh a Vashisht nos llevo unas 19 horas que no voy a olvidar jamas. Tras un breve trayecto de hora y media hasta Dehra Dun y una breve espera de aprovisionamiento en la estacion, cogimos a las 3pm el autobus que nos iba a dejar a las 7-8am (aqui no hay horas de llegada exactas)  en Manali. Nos encontramos con un irish muy simpatico que habiamos conocido baniandonos en una playita del Ganga el dia anterior y decidimos pillar asientos dobles compartiendo con el. Las primeras horas de trayecto el autobus iba a rebosar, cada poco se subian y bajaban indios (creo que a algunos incluso los dejan en la puerta de su casa) pero se fue vaciando y pudimos hacernos incluso con dos asientos cada uno para “dormir” unas horas. Al irish le parecio una experiencia maravillosa (Rocio incluso llego a calificarla de “romantica”…), a mi, not so much. El asiento era incomodo y demasiado estrecho para mi trasero (y ya ni os cuento al lado del irish); el camino, montanioso y lleno de curvas; los quitamiedos, mas que barreras, eran escaloncitos al mas alla; los frenos del autobus, dudosos y chirriantes; y las seniales de trafico, ausentes (aunque te encuetras cosas como “if you drink and drive it might be your last time” o “better late than never”). El conductor y el revisor fueron los mismos durante todo el trayecto, y no descansaron mas que en las breves paradas cada 2, 3 o 4 horas. Paradas en las que, por cierto, nos cobraban por ir al banio (que mas que banio era un agujero oloroso rodeado por 4 paredes) y nos pedian mas dinero del precio marcado porque era “el impuesto de la bus station”. Harta de sentir que no dejo de pagar el impuesto revolucionario por ser blanca, llame a mas de uno tramposo y mentiroso y me fui tan ancha.

La noche paso lenta y tediosa, a parte de sustos concretos por frenazos escalofriantes o cabezadas del irish en mi hombro (que confundi al principio con una arania gigante debido a una mala experiencia anterior), el autobus paso unas horas sonioliento y tranquilo, sumido en la oscuridad. Pasamos junto a cientos de camiones aparcados en cualquier sitio (supongo que para pasar la noche) y decorados como feriantes, con mil luces y adornos, algunos se montan hasta un templo en el salpicadero! A una hora de llegar nos hicieron cambiar de autobus (porque supuestamente ese no funcionaba bien…) y nos subieron a otro abarrotado, donde tuve que ir dos horas como una contorsionista sobre mi mochila odiando el mundo que me rodeaba. Tras mil paradas interminables (creo que hasta paramos en casa del conductor para que se tomase un chai) llegamos por fin a Manali, agotados y atontados. Desde alli cogimos un ricksaw hasta Vashisht, un pueblo cercano donde nos habian recomendado dormir.

El paraiso, pero nos pusimos todas enfermas, una tras otra. El calor fue sustituido por una agradable brisa de montania, que con los dias y la lluvia se convitio en un frio humedo y penetrante para el que no estabamos preparadas. Nos alojamos en una bonita casa de montania junto a una cascada a un precio irrisorio ya que el banio estaba fuera y no tenia agua caliente (era un poco incomodo porque con el monzon habia que ir al banio en chubasquero…)

Vashisht es un pueblecito medieval precioso, rodeado por el Himalaya y famoso por sus aguas termales, alrededor de las que han contruido un templo. Fuimos una maniana a baniarnos y, aunque el agua estaba ardiendo, fue una grata experiencia: van todas la mujeres del pueblo, se banian con sus ninios en ropa interior en una especia de pilon y luego se duchan en unos chorros que salen a un lado. Nos encanto sentirnos tan cerca de las mujeres indias y compartir momentos tan intimos, pues no es siempre facil tomar contacto con ellas.

Fuimos tambien a visitar Manali, pueblo bonito y muy turisticos con un par de templos donde peregrinan los indios. Alli vimos yaks (vacas con pelo largo que se usa para tejer calcetines, gorros y chaquetas) y conejos de angora gordisismos. Y asi pasaron los dias, tranquilos, humedos y felices, rodeados por montanias. Nos hicimos con un grupete majo de amigos que en su mayoria habiamos conocido anteriormente: un shadu aleman que conociamos de delhi, una pareja de catalanes de Pushkar, otro catalan que conocimos viendo la final del mundial en Rishikesh, el irish… Sin embargo, llego el momento de proseguir nuestro camino, proximo destino: Dharmashala.

Maria decidio quedarse por Vashisht y quedamos en volver a reunirnos en Delhi, una semana despues…

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See you now mother Ganga

Desde el Rajastan, hartas de tanto calor, nos hemos dirigido al norte, primer destino: Rishikesh, la capital del yoga. El viaje Pushkar-Ajmer-Haridwar-Rishikesh movidito como todos. Un autobus de Pushkar a Ajmer y una  interesante espera en la estacion de tren (en 10 minutos nos vimos completamente rodeadas por indios curiosos que nos sacaban fotos y nos miraban, uno se lanzo a bailar y cantar para luego pedirnos dinero y comenzar a gritar en hindi ante nuestra negativa, otro, creemos que gitano, le hizo una especie de ritual a Maria  y de nuevo nos grito cuando nos negamos a pagarle…). Un tren hasta Haridwar, a en clase sleeper, sin aire acondicionado (antes viajabamos en 3a clase con AC, pero hay que ahorrar), el tren un tanto guarro pero nos tocaron unas encantadoras companieras de viaje, una chica con su madre y su hija (mas una ayudante/chica/criada – como mas os guste denominarlo- llamada Pritti) que tenian a todos como velas: paso uno fumando y le echaron, otro tocando el tambor, y le mandaron a paseo… vamos que una gozada de viaje tranquilo! Las dos eran funcionarias del gobierno y hablaban muy bien ingles, la ninia pequenia una monada que no se cansaba de jugar con nosotras; se bajaron en delhi y nos dejaron una notita despidiendose (estabamos dormidas) Finalmente amanecimos en los humedales de Uttarkhand,  impresionadas por el cambio de paisaje, ya que lo ultimo que habiamos visto antes del anochecer fueron las estepas aridas y rojas del desierto del Rajastan.

Llegamos por la maniana a Haridwar, ciudad santa (si, esta tambien) por donde pasa el Ganga. Tras una estelar entrada (me cai rodando por las escaleras de la estacion con dos mochilas puestas y el agua en una mano… solo fueron 3 escalones pero me quede con una pierna atascada sobre ellos, la mochila de atras sobre la cabeza y las dos manos ocupadas, mi unica salida: meter la otra pierna en un charco para salir de ahi… Se quedo la cosa en unos cuantos moratones gracias a Dios) cogimos un autobus hasta Rishikesh, de nuevo “comodisimo”, y una hora despues llegamos por fin a nuestro destino!

Rishikesh es ciudad sagrada: por aqui tambien pasa el Ganga. Nos quedamos casi una semana, pues Maria y Rocio (ahora autobautizada “principe de Beckelair” ya que en Varanasi le dio un yuyu y se corto el pelo igual que el prota de las galletas…) se han quedado encandiladas con el rio y no se querian despedir de el. Nos alojamos en un baratisismo hotel en obras junto junto al Laxmanjhulla, uno de los dos puentes peatonales (para monos, vacas, personas y motos) que cruzan el Ganga y conectan las dos orillas de Rishikesh. Pasamos la semana yendo a alguna clase de yoga para principiantes, tomando chai-leyendo-comiendo-charlando-jugando al ajedrez en terracitas que dan al rio, visitando las cascadas y, lo mejor, baniandonos en el Ganga! Completamente vestidas, como manda la tradicion (el bikini esta prohibido a pesar de que tengas que ver al indio metiendose en calzoncillos de braga blancos a tu lado) nos sumergimos en el magico rio, que esta frio que te cagas, para recibir su bendicion!

Rishikesh esta lleno de ashrams, lugares donde uno puede alojarse y aprender yoga y meditacion. Los Beatles vinieron aqui hace anios y se alojaron en uno que ahora esta abandonado. Lo fuimos a visitar y nos quedamos impresionadas, fue fundado en 1963 por un ingles y un shadu, fue creciendo y llego a tener capacidad para 10.000 personas, finalmente en 1993 el gobierno lo cerro pues no podia permitir tanto negocio junto al sagrado Ganga, y es que el ashram esta situado en un entorno paradisiaco, entre la orilla del rio y unas preciosas montanias, las primeras del Himalaya. Ahora la vegetacion campa a sus anchas, los edificios se han ido deteriorando por la humedad y diversos shadus pasean a los turistas por sus ruinas, quien lo hubiese visto en todo su esplendor!

Por lo demas seguimos conociendo a gente y reencontrandonos con viajeros conocidos en otras ciudades. Los mas interesantes: una pareja que vive en un pueblo en el sur de la india y que anda por el norte de vacaciones. El, sueco, rubio, pelo y barba largos, panuelo a la cintura, descalzo, torso desnudo y paraguas negro (para el sol y para la lluvia). Ella, espaniola, morena, pelo rizado y largo, dejo en Madrid un trabajo que no la llenaba y se vino a la India hace dos anios. Ambos viven el ahora y se les ve realmente felices, simpre se despiden con un “see you now” un tanto chocante al principio pero que acaba resultando entraniable. Los conocimos viendo la final del mundial (que no pudimos celebrar debidamente ya que en Rishikesh esta prohibido el alcohol y todo cierra a las 11) y nos los hemos ido reencontrando a lo largo de la semana; las conversaciones siempre interesantes, de hecho, una de ellas nos ha traido a nuestro actual destino: Vashisht, un pueblecito en el Himalaya junto a Manali, pero eso ya es otra historia que ya os contare, solo os anticipo que comienza con 19 horas de autobus…

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Looking no charge, more colors possible

Jaipur no nos ha gustado, bueno, a mi mas que al resto, pero poco mas, y es que el monzon y una huelga general son capaces de deslucir hasta la ciudad mas bonita. Se pone a llover a cantaros, todo cerrado a cal y canto… vamos que desayunamos, comimos y cenamos en el mismo lugar. Ademas, al contrario que en el resto de ciudades, no conocimos a nadie y eramos las unicas clientas del hotel (bueno y una familia india a la que nunca vimos). Trataron de timarnos todo el rato, de ligar con nosotras y hasta nos toquitearon (dos chavales en una bicicleta pasaron, estiraron el brazo y zaca! al pecho…)

Para mas inri, el dia que por fin nos vamos ilusionadas al siguiente destino (Pushkar), nos pasamos la parada de tren y tardamos casi 8 horas en recorrer 145 kilometros (los 132 que hay hasta Ajmer, y los 13 de alli a Pushkar) El tren salia a las 8:30 am y nos habian dicho que llegaba a la 1 pm (lo se, un poco suspicious, pero como aqui todo va a otro ritmo no nos paramos a pensar), total que nos dormimos… Rocio se desperto y vio una parada con un letrero que decia: Ajmer, pero el tren ya estaba en marcha y le dio “apuro” despertarnos por si no era Ajmer Ajmer (no se que iba a ser si no…) Se puso a preguntar pero nadie la entendia (aqui la j se pronuncia y) y nadia sabia leer… Finalmente llego el revisor: “que haceis aqui todavia?” Pusimos cara de tontas claro… se apiado y nos dijo que nos bajaramos en la siguiente. Aqui los trenes paran cada 10 minutos, pero, por fortuna! este no, tardo mas de una hora en parar (50 kilometros despues…). El siguiente tren salia en 4 horas, asi que, hacia la parada de autobus de Beawar, ciudad que desde el rikshaw nos resulto interesante pero que no figura en la guia… Odisea para comprar los billetes y pillar sitio… en la ultima fila, aplastada junto a mi mochila, en un asiento que no hubiera sido mas duro si hubiese sido una tabla de madera, y que ademas tenia un tornillo que sobresalia en medio… Conduccion temeraria, “asfalto” agujereado y ventanas abiertas para que entre un poco de aire (y mucho polvo)… vamos que entre el miedo a morir y la incomodidad general la hora y media se hizo muy larga… Por fin llegamos a Ajmer, y de alli a Pushkar, pequenio pueblecito de 17.000 habitantes (creo recordar) muy tranquilo, rodeado de montanias y construido en torno a un lago. Es una ciudad sagrada, asi que hay muchos indios peregrinando y no se puede beber, ni fumar, ni comer carne, ni huevos. Nos ibamos a quedar 2 dias, pero al final hemos decidido que 4; nos alojamos en un bonito, tranquilo y baratisimo hotel con piscina de aguas lechosas (no sabemos muy bien que le echan pero el agua esta blanca, ahi dentro puede haber cualquier cosa, yo por si acaso me quedo en el borde y trato de no tocar el fondo…)

Hay muchas tiendecitas, asi que nos pasamos los dias basicamente de compras (Rocio y Maria estan embarcadas en un negociete y compran para vender). Regatear es todo un arte, primero hay que caerle bien (algunos machistas se niegan a negociar contigo, ni siquiera te miran a la cara…), hablar un rato, hacer alguna broma, mirar varias cosas, probarse, preguntar varios precios, sentarse, tomarse un chai, seguir hablando… en fin, que una compra puede llevar un par de horas. Ademas, si el vendedor te cae muy bien la cosa se complica porque te de pena bajarle mas el precio (sobre todo cuando acabas regateando 10 rupias, que son como 20 centimos…)

Pero no solo compramos, tambien comemos y bebemos, e incluso nos apuntamos a una boda que vimos pasar! Venia el novio todo engalanado en un caballo y a su alrededor portaban lamparas enormes iluminadas gracias a un enorme generador (segun Maria ni el del Viniarock es tan grande) arrastrado por dos hombres al final de la comitiva. Cada poco de paraban y bailaban al son de la musica que tocaba la orquesta ambulante. En cuanto nos vieron, nos metieron dentro y nos dieron helado, por mas que intente explicarles que no me lo podia comer(senialandome la panza y poniendo cara de enferma) hasta que no me meti una cucharada en la boca no se quedaron tranquilos. Luego ala! a bailar! me meten dentro del circulo y me gritan: western dance! we want to see western dance! (y yo pensando, querran un vals? un tango? un fandango?) Asi que me limite a bailar de cualquier manera, se reian mucho (no se si de mi) y cada vez que intentaba escaparme una chavala me agarraba de la mochila y me volvia a meter en el circulo al grito de: western dance! Toda una experiencia! Una pena que no pudieramos quedarnos, ya que habiamos encargado un special lassi en el hotel para las 9 y eran ya las 10 (lassi es un batido denso de frutas y yogur, el especial lleva hojitas verdes de esas que a la gente le gusta fumarse) Asi que volvimos, nos tomamos 2 entre las 3, y fue too much… Estas tuvieron un momento de risas y una breve paranoia, yo cai en un recondito y aislado mundo y me quede dormida…

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Special price for you madam

Tras esquivar el monzon en Delhi y Varanasi, en Jaipur nos ha finalmente alcanzado. Es impredecible, desigual e intermitente, pero agradablemente refrescante. El dia se vuelve noche, el aire agua y el suelo charco. Pero antes de llegar al Rajastan (provincia donde se encuentran Jaipur, ciudad que acabamos de visitar, y Pushkar, nuestra localizacion actual) volvamos a Varanasi, ciudad curiosa y especial donde las haya.

Varanasi es la ciudad mas santa del hinduismo, debido a que la atraviesa el  Ganges o “mother Ganga”, enorme rio al que tiran las cenizas de los muertos (que son incinerados a la orilla) o sus cadaveres en el caso de que sean ninios, sadus (hombres puros), leprosos, mujeres embarazadas, muertos por picadura de cobra y animales. Por lo que cualquiera de estos cadaveres podria verse flotando si se libera de las piedras a las que se ata, cosa que ocurre, por lo que al otro lado del rio, donde no se edifica pues el monzon inunda esa zona, pueden verse (y los vimos, cosas que tiene contratar un barquito con un grupo de americanos e ingleses morbosos que querian sacar fotos, una hasta se llevo un diente…) Hindues de todo el mundo vienen a baniarse en sus aguas para puruficarse, y es frecuente ver a los habitantes de Varanasi lavandose, a si mismos y su ropa, en el rio.

Nos hospedamos en un baratisimo hostal junto al crematorio (quien dice crematorio dice pequenia superficie escalonada de tierra donde se apilan montones de madera con un cadaver) por lo que convivimos con la simbiosis vida-muerte que caracteriza al rio y a la ciudad. Un olor dulzon impreganaba la atmosfera y la apacible vida cotidiana del mercado se veia, breve pero frecuentemente, interrumpida por la marcha de cuatro hombres entonando canticos y portando a hombros el cuerpo enrollado en seda de un  hindu, que con esta muerte aspiraba a terminar el ciclo de sus reencarnaciones.

Un paseo por esta ciudad es un viaje en el tiempo, las vacas y las cabras (junto con sus inevitables excrementos) lo inundan todo. Algunos monos saltan de tejado en tejado. Callejuelas estrechas, sin desagues. Casas y tiendas diminutas. La gente te observa con miradas cansadas, milenarias, son tan extranios para noosotras como nosotras para ellos. Parece que dos mundos colisionan y te sientes invasora, extranjera, blanca… La atraccion turistica es mutua, les sacamos fotos, nos sacan fotos, a cada paso nos miran, nos preguntan mil cosas y, si te quedas parado, te rodean en un momento: de donde eres? como te llamas? 1st time in India? te gusta?…

De nuevo conocimos a gente interesante a cada paso, nos alojamos junto con una americana encantadora que viajaba sola, y conocimos a mil viajeros con todo tipo de historias, hay mucha gente que lleva mucho tiempo viajando, que vive viajando: dos fineses que parecian dos elfos recorriendose la India, un suizo que habia iniciado su viaje en Japon y que pretendia volver a Suiza por tierra, dos espanioles que llevan dos anios recorriendose Africa y Asia  en bicicleta…Vamos, que ni Lonely Planet, ni Trotamundos, ni nada, el viaje se hace conociendo a otros viajeros y preguntando!

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Welcome to India

Llegue, llegamos, a las 3:25 AM del lunes 28 de junio. Tras un maravilloso vuelo con Qatar airlines, la India me recibio con un golpe en la cabeza (que me di en el aeropuerto saltando la cinta portaequipajes), una larga espera (las mochilas tardaron hora y media en llegar) y un calor abrumador. No tardaron mas de dos horas en timarnos por primera vez (comprando el taxi prepaid) y la cosa continua y continuara. Las primeras impresiones de Delhi fueron confusas y contradictorias, la calle de nuestro hotel parecia que acababa de sufrir un bombardeo, toda llena de polvo y escombros. Desorientadas, tras una breve siesta, nos encaminamos a comer algo, y, por supuesto, llego el timo siguiente: dos chavales diciendo ser estudiantes que quieren practicar su ingles se nos acoplaron y nos llevaron a comer algo. El resto del dia lo perdimos en supuestas “oficinas de informacion turistica” que trataron de vendernos paquetes de viajes (bien de precio pero out of our budget) diciendonos que no quedaban billetes de tren hasta la proxima semana…

El segundo dia se nos dio algo mejor la cosa, compramos un billete de tren a Varanasi para el dia siguiente y nos lanzamos a hacer turismo. Poca cosa porque con este calor no hay quien pare, te deshidratas a cada paso… Mucha gente, mucho ruido, mucho polvo, mucho trafico y muy pocos turistas, es curioso la ilusion que te hace encontrartelos! Significa que vas en la direccion correcta, o que si te has perdido, no estas solo.

El ultimo dia en Delhi (el tren salia por la tarde) lo pasamos relajadamente sentadas en la terraza de un pequenio restaurante en una calle muy concurrida, tomando shai (te indio con leche y especias) y conociendo a gente. Recopilando todos los consejos que nos han ido dando hemos ya trazado mas o menos un plan de viaje: tras visitar lo imprescindible (Varanasi, Agra, Jaipur…) nos vamos al norte que por aqui no hay quien respire del calor y se acerca el monzon. Hay gente alucinate viajando por aqui, es increible lo rapido que se conecta con cualquier extranjero, creo que es porque el tremendo choque cultural nos une.

En el tren nocturno a Varanasi viajamos con una chica de Corea (del Sur por supuesto), un irani turcomano (sunni) y un indio propietario de una fabrica de seda que hablaba espaniol perfectamente y clamaba haber salido 3 veces en TVE…  a saber! La llegada a la ciudad mas santa del hinduismo fue tambien confusa, nos costo un poco (de tiempo, dinero y sudor, sobretodo sudor) encontrar un hotel barato, finalmente dormimos en el tejado de un albergue junto al Ganges, ya os contare si ha sido buena idea porque he pasado una siesta horrible, los monos corretean por el techo de chapa haciendo un ruido tremendo y parece que se te va a caer el mundo encima…

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